Para. Para de una vez. Ya he tenido suficientes lamentos.
He vuelto a llegar a ese punto en el que ha dejado de importarme el que no tenga que importarme nada. En el suelo de mi habitación, cinco post-its. Not. giving. a. single. fuck. Los acabo de pisar, otra vez.
Tampoco me preocupan los números, las rachas.
Y si sigues así, vas a conseguir que me canse de ti. Ya tengo lo que quiero. Ahora simplemente dejaré que el deseo se vaya poco a poco... soy demasiado caprichosa.
Apártate.
Llevo todo el día pensando que hay una sensación que anhelo más a cada minuto: la misma que tuve al salir del hospital. ¿Libertad? No exactamente. Es cierto que ahora me siento bastante anclada, pero no. Había insensibilidad. Y ganas de no mirar atrás, de olvidar. Y mucha, mucha claridad. Y sobre todo la seguridad de que desde ese mismo instante nada podría ir a peor.
Factor añadido: poder disfrutar de una porción de tarta de chocolate sin remordimientos.
Mírame, no puedo dormir. ¿Crees que me importa? ¿Crees que me importa que solo quede un mes de clases y yo apenas haya hecho nada aún? ¿Crees que me importa que cada vez me encierre más en mí misma; que me obsesione? ¿De verdad piensas que significa algo para mí el hecho de ser más y más invisible para ellas a cada día que pasa? ¿Crees que me preocupa estar dejando atrás todo lo que una vez llamé "mi vida"?
Sí, y mucho.