domingo, 27 de junio de 2010

Romance

They come by night, cruising in their uniforms and their dances down the damp city streets, swinging along like mad weekend lovers to the stereo sound of liberation. They come as witnesses, spectators and participators, crazy, wild and drunk on love and noise. The speakers explode and we are blinded by a wall of sound, screams, beats. The movement flows through the room as the band is on fire, flying across the stage. Naive, beautiful, yet serious and scarred. The skinny, feminine looking singer touches his lips in a signal and gesture of communication and revolt. Wisdom flows like water and the new name, this new beginning, is like the bullet that the C.I.A. killed Kennedy with: relentless and hard. 2000 years of convention all gone up in smoke with a stroke of the burning guitar that Kristofer gently holds, caressing  it like it's his baby, cause tonight it is. The beat hypnotises as the heat is felt through the room and we all take part knowing that revolution never felt more alive. David looks out over the stage and with the twist of a stick he takes us into places we never even thought existed where we believe and know for real that this is the time to live, fight, steal a kiss and eagerly join in. Get down, they scream, and we all get down, we all get with it and we take the plunge cause it feels good and when Jon, heavenly looking, stares into our eyes we know that nothing is wrong, that we will walk on water and look at each other with amazement. It's a night of magic and every note hits like a hammer. The smell of perspiration and perfume is flowing through the air as we hold each other tight, moving along to the manifesto. This could be the shape of punk to come,  liberation theology in practise, togetherness spiting the dividers and rulers, the sum of our parts forming the gag in the mouth that voices the status quo, woven into fabric with every last thread of our defiance, sewn to fit like the shirt on my back. Or it could be just another sleepless midnight punk romance.


suckersfortragedies.

miércoles, 9 de junio de 2010

I am heavensent, don't you dare forget

¿Me permites que te diga una cosita? Desde mi incalculable egoísmo te diré que eres la persona más egoísta que jamás ha entrado en mi burbuja. Solo quiero olvidarte. A mi manera. Es lo que quieres, que te olvide, ¿verdad? Entonces no me digas que lo haces porque yo no puedo separarte de mí. No, dímelo claro. No soy una niñita pequeña a la que puedes robarle su caramelo tantas veces quieras y después decirle que ha sido culpa suya porque no lo ha cuidado lo suficiente. Y hoy no pretendo que esto que escribo quede medianamente bonito, hoy no pretendo contar una historia con metáforas, no. ¿Por qué iba a usarlas? Llevo tres horas sin parar de llorar por culpa tuya. Y las que me quedan, porque como tú dices, no me merezco que me des explicaciones. Siempre, siempre, siempre he sido sincera contigo, hasta más no poder. Y si quieres me puedes decir que la música que escucho me condiciona, y no al revés, y que eso no es bueno, y que todo esto no es bueno para ti. Pues yo no escucho a Coldplay. ¿Y por qué coño dice la wikipedia que tocan rock alternativo? No lo es. Alternativo, joder, ¿es tan difícil de aceptar? Sí, parece que sí, porque todos lo han pensado siempre, y ahora también tú. Y uno de esos genios que tanto me obsesionan habla de lo difícil que es ser siempre sincero con la persona a la que quieres. Escucha la canción, escucha esa maldita canción otra vez y dime si no te dice nada. No sabes el daño que me hace cada una de esas palabras. No sabes lo que la odio. Por muy brillante que sea, por mucho que sea Brand New. La odio casi tanto como a mí por haber conseguido esto. La odio porque te sigo creyendo, y te seguiré creyendo digas lo que digas, hagas lo que hagas. Pues yo, esa personita débil y frágil, nunca te he ocultado nada. Absolutamente nada. ¿Quieres que te lo vuelva a decir? Te quiero. Como nunca he querido a nadie. Has conseguido que me enganche a ti. Ahora me dejas tirada. Has conseguido que te eche de menos a cada puto segundo que pasa. Y tus lágrimas, claro, serán más amargas que las mías. Las mías saben a rimmel. Aunque yo diría que he podido probar todas mis sombras de ojos, todos mis eyeliners. Porque, adelante, sigue pensando que no eres un hipócrita al decir esto: todo me afecta demasiado. Tienes todo el derecho del mundo a culparme a mí, por supuesto, y lo digo sin ningún tipo de ironía. Ya te lo dije, solo soy un puto problema. Especial, diferente, pero un puto problema al fin y al cabo. Y tú no puedes seguir así. No me digas que quieres regularlo, poner un poco de distancia, no; dime que quieres irte, que me quieres abandonar, dilo. Ya he escuchado muchas cosas amargas que han venido de ti, no tienes por que preocuparte. Además, así mis lágrimas serán como las tuyas. Tú no me quieres, tú no tendrías por que ser sincero... pero joder, dímelo. Estoy en esto por ti. Y no te imaginas lo que te agradezco todo lo que has hecho hasta ahora, todo lo que has sufrido. Y me dijiste que no te irías, que no me dejarías. ¿Crees que he repetido la jodida rutina 19 veces porque no me importaba nada? ¿Crees que lo empecé porque no me importaba nada? No... Pero ¿sabes qué? Hoy no me importa nada, y hoy serán 20. Y lo mejor es que ya no tienes que preocuparte por mí.

¿Sabes lo que no te perdono?

Me has estropeado un día de lluvia.

lunes, 7 de junio de 2010

The prom queen

6 de junio de 2010

"No creo en las casualidades". O al menos eso es lo que dicen en las pelis americanas, o tal vez solo en las que veo yo. ¿Entonces nadie cree en ellas? Ya nadie cree en el último baile. Quizás ni siquiera en el primero. No sabría decir cuál de los dos es más especial. Y mientras lo estoy decidiendo, alguien dispara a la reina del baile. Y en vuestras caras se aprecia claramente que pensáis que se lo tenía merecido, por llamar la atención. No penséis eso; todos la mirabais. Dejad de buscar al culpable; cualquiera de vosotros lo habría hecho. Hipó... ¿Y qué importa que sea el primero o el último? Podríamos volver a encontrarnos otra vez, por casualidad. Así que mírame a mí. Yo nunca quise ser como ella, yo solo siento indiferencia. Aunque su vestido era bonito... una pena que ahora esté salpicado por cientos de gotitas color rubí. Pero mírame a mí. Ya estabas haciéndolo antes, cuando nadie nos miraba a nosotros. ¿Ahora te importa lo que piensen? ¿Ahora ya no te importo yo? Eso no es justo, porque a mí solo me importas tú. Así que no me digas que me llevas a casa, ahora no. Quédate, solo un ratito más, quédate. Yo quiero seguir bailando. Yo quiero tener alas. Yo quiero creer en las casualidades.

Porque casualmente ayer tuve un sueño maravilloso.

Porque no tiene nada que ver con que ayer fuese una niña buena.

Porque fue una casualidad, y me estaba esperando. Fue una casualidad y no quiero decirle adiós. No quiero que se vaya a dormir.

Discúlpame un momento, tengo que ir a retocarme. Intenta no echarme mucho de menos, ¿vale?

Ya estoy en el baño, y casi sin darme cuenta vuelvo a estar otra vez sentada en el suelo. ¿Por qué siempre está tan frío? No lo sabes, pero ya me lo explicarás algún otro día, cuando vea en tus ojos que quieres resolver todas mis incógnitas. Y no debería haberme quedado en casa ayer, porque ahora tengo más ganas que nunca de estar aquí. Salid todas, quiero estar sola, ahora sí. Pintalabios rojo. Alivio. Deja de susurrar. Ya lo dijo dios, digo, Morrissey: "Es tan fácil reír, es tan fácil odiar"... y mejor me olvido del resto, porque volvería a perder yo. Es fácil, así que tiene que ser odio. Odio disfrazado de adrenalina. Roja y brillante. Adrenalina, y me quedo sin aire. La rabia me impide respirar pausadamente. Me quedo un rato mirando fijamente a mis piernas, recuperándome, demasiado fuera de aquí como para poder pensar. Y ahora sí, un poco más, solo un poco más. Ya. Voy a parar. Duele, y no solo físicamente, aunque eso también lo noto; duele, y quiero vomitar, y me mareo, y... espera, vuelve atrás: "lo noto". Llevaba días sin sentir nada, actuando como una máquina, y ahora... ahora estoy temblando, y noto el cosquilleo de las lágrimas resbalando por mi cara, y las veo caer directamente a mis piernas. Déjame saborear este momento, por favor, deja que me sumerja en la cadencia de la música, deja que me olvide del mundo. Pero de repende la canción se queda en silencio, esperándome, y llega otra, pero todo está demasiado nublado para poder distinguirla. Solo sé que me está reprochando algo, y que me vuelvo a quedar sin aire. Y quiero seguir. Y sigo. Y ver el camino que dibuja esa gota oscura, bajando lentamente a ningún sitio en particular, es lo único que consigue que me tranquilice. Así que ya me voy, porque seguro que me estás esperando.

Salgo. El mundo sigue siendo borroso, y confuso. Como yo. Todo da vueltas, pero tú estás ahí, de pie, parado, esperando. Sonriendo. Y aparece esa melodía que has escuchado millones de veces, que es inconfundible, y que ahora te parece aun más bonita que la primera vez. Porque a falta de estrellas tenemos canciones de cuna. Pero esta no está desencantada, esta debe de ser la canción más bonita del mundo; porque no sé lo que dice, no, nunca aprendí islandés, pero imagino que me pide que me deje llevar. Y yo lo hago, porque ¿quién le negaría algo a la rosa de la victoria?

Ponla otra vez, por favor. Deja que me guíe. Solo quiero escucharla. Una vez más.

Ahora para el tiempo y déjame vivir dentro de ella. Solo una vez más.

Y yo tampoco quiero ir a dormir, así que deja de recordarme la hora que es. Ya tengo un maldito reloj que se encarga de (recordarme lo que estoy haciendo) decirme la hora. Sí, son las 3:02, lo sé. Pero no quiero dormir, porque hoy no habrá ningún sueño efímero cuyo dulce sabor dure toda la noche. Porque mañana las sábanas volverán a estar manchadas. Casualidades. Porque no quiero seguir llorando. Y no me preguntes por qué lloro, lo sabes de sobra: ha vuelto ella, la reina del baile, y está más deslumbrante que nunca. Y tú no me lo quieres decir, pero yo ya no brillo. Tú no me quieres decir nada. No, no, deja de mirarla. Mírame a mí, estoy aquí, a tu lado. Ella no es lo que quieres... Y esta vez le he disparado yo. Pero ¿por qué no me miras ahora? Ahora ella ya no está. Mira, ya he dejado de llorar, ya casi no se nota. No, no te vayas, por favor, no te vayas porque... este es el último baile.

Ya no queda nada, se han ido todos. Y la fiesta se ha acabado. No me has llevado a casa, pero no importa, ya solo tengo que dormir. Pero no puedo, y sigo aquí, aunque todo esté dicho y hecho. No puedo dormir, estoy sola, estoy perdida. Intento acurrucarme, hacerme compañía. No funciona, quiero olvidarme de mí, quiero dejar de verme. Vete, joder, vete. Estás consiguiendo que todos me dejen aquí, que se olviden de mí. Vete, porque yo solo quiero un abrazo, porque nunca me han dado uno de verdad. Vete, porque yo ya tendría que haber dejado de llorar. Vete, porque si tú estás aquí no vendrá nadie. Vete, porque yo no necesito un final feliz... solo un abrazo.

Vindurinn
Og útilykkt af hárinu þínu
Ég anda eins fast og ég get
Með nefinu mínu


Hoppípolla
Í engum stígvélum
Allur rennvotur. Rennblautur
Í engum stígvélum


Og ég fæ blóðnasir
En ég stend alltaf upp

sábado, 5 de junio de 2010

Memories will last

No sé escribir canciones. Además, no sé cantar. Creo que es lo primero que le voy a pedir al genio cuando se digne a aparecer. "Hola, desconocido que quiere hacer algo por mí. Mi primer deseo es poder cantar, el segundo... ese no se lo puedo decir, y el tercero aún no lo he pensado. Así que, vuelva usted mañana, que todavía me sigue faltando algo. Pero vuelva, no me deje aquí deseando". Aunque tal vez sí podría escribir una canción. Una que nadie quisiera cantar, que no tuviese estribillo. Cuando le robe un poquito de tiempo a mi apatía creo que lo voy a intentar. Voy a escribir una canción olvidada.

Ya casi es la hora. Eso consigue que me ponga ligeramente nerviosa, que mi corazón lata un poquito más rápido. Pero no consigo impacientarme, por más que quiera no lo consigo. Sé que estoy relajada. Y sé que ahora nadie me puede entender, y por eso me siento algo menos insegura (y aun así mi confianza en mí misma nunca me podrá mirar a los ojos); porque cualquiera que entre a este laberinto se va a perder, como yo, y no querrá encontrar la salida. Porque, probablemente, al igual que yo, se dé cuenta de que podría no haberla. Y aquí nos quedaremos todos, esperando. Esperando el final de nada, de algo que nunca empezó.

Pasa un avión. Y puede que sea solo mi impresión, pero yo diría que lleva ilusión y vuela hacia el oeste. Frágil. Urgente. Entregar en mano.

Ya es la hora. Estoy más tranquila que nunca. Puede que sea porque empiezo a ser consciente de las consecuencias.

Otro avión. Hacia el norte.

Suelta a los murciélagos, quiero que destruyan mis sueños. Y cuando se hayan ido podré hablar claro. Cuando se hayan ido no habrá nada. Cuando se hayan ido dejaré de tener miedo. Y nadie tendrá que venir a recogerme. Así que vete. Vete y duerme tranquilo. No pienses en mí. Ya no más. No me vuelvas a sorprender, porque ya estoy de vuelta. Porque no sé nada, pero no me apetece hacer preguntas. Pero ya no me asustan las respuestas. Y no quiero alargarlo más. Se acabó la prórroga. Fin del partido. No sé quién ha ganado, no me importa, porque mi equipo no estaba jugando. Estoy segura de que en algún momento alguien ha metido un gol, de esos feos, poco vistosos. A lo mejor ha sido de penalty, siempre tan frío. Me da igual, no quiero ver la repetición. Deja de jugar ya. Ni tú ni yo vamos a ganar nada. Ser diferente no es ningún obstáculo para ser mediocre. Solo me gustaría saber qué estaba en juego...

"I don't care for your sweet scent or the way you want me more than I want you". Siempre que lo escuchaba pensaba que esa parte me jodía el mensaje de la canción. Pero ahora creo que ocurre todo lo contrario. Es un tanto revelador, la verdad; y la última vez que utilicé esa palabra fue para hablarte del final de LOST. Romeo, metáforas, sangrar, abandonar, y tu historia, que es mía. Es toda mía. Y es lo único que no puedes cambiar. Eso es lo único que no me puedes quitar. ¿Y sabes qué? Que yo reescribiría tu historia. Sin palabras. Señorita Juneau, nunca lo entendiste. Déjame escucharlo, una vez más, sin pensar. Ya. Como decía, señorita Juneau, nunca quisiste entenderlo... ¿o debería tratarla de usted? Sí, mejor. Nunca hizo nada por entenderlo. Por entender que alguien quiera desangrar el horizonte. Y aquí estoy yo por su estupidez. O tal vez no. Le digo todo esto porque usted no se merece que le canten. Por hacerme llorar. Por su maldita estupidez, ahora sí. Por no querer estar definida en sus brazos. Por seguir repitiendo que él la odiaba. Por dejarnos caer. Por no sentir nada. Por no sentir nada cuando la única salida que él tenía era marcharse. Por no pensar en él. Por poder respirar sin él. Nunca hizo nada. Nunca hizo nada a pesar de saber perfectamente que usted era su única razón. Nunca hizo nada y él seguía escribiéndole canciones. Rechácelas. Usted se lo pierde. ¿Sabe una cosa? Está luchando por nada. El propósito de su estúpida revolución ya está enterrado. Su verdad es solo una mentira endulzada, una mentira que solo pretende esconder el fracaso omnipresente en todas y cada una de sus elecciones. Así que cierre los ojos y apártese de todo esto, y apártese de él. Hágale un favor: no escuche sus canciones. Solo espero que algún día esa voz ya no cante nunca más para usted.

No, no me mires así, sé que quieres algo de mí. Pero yo ya no te puedo dar nada más. Yo siempre pierdo al póker. Yo no sé mentir. Yo te mostré todo lo que tenía que ofrecer. Deja de insistir. Ya no fabrican lo que tú estás buscando. O tal vez yo lo compré todo. Solo sé que ya no venden mariposas.

Y algún día me iré. Y seguiré siendo yo... vestida con la apariencia de persona normal y medianamente feliz que habré comprado en alguna tienda del centro. Del centro del lugar más lejano a este. La distancia... la distancia no hace nada. Y el tiempo tampoco. Mentirosos. Tendré un trabajo normal, claro. Espera un momento, por favor, voy a romper mi lista de trabajos ideales. Ya está. Nada de CSI (en Las Vegas, por supuesto), ni guitarrista en una banda de hardcore, ni masajista personal de Matt Damon, ni asesina en serie, ni observadora de nubes, ni cazadora de sonrisas, ni nada. "Querido genio, quiero normalidad, quiero esa normalidad aburridamente común. El otro aún no se lo puedo decir". Y quiero vivir una mentira. Vamos, dame tiempo y distancia, dámelos y aléjame de la realidad. Dile que se vaya de una puta vez. Dile que no es mi amiga. Dile que nunca le di permiso para entrar. Dile que se vaya a molestar a otra. Dile que deshaga todos mis recuerdos. Dile que te lleve con ella.

Otro avión más. No quiero escucharlo. No quiero saber a dónde va.

Do you think this feels close to you? Hey, angel, then there's nothing left to lose.


"Que no, que el otro deseo no se lo puedo decir".

Congratulations, it's a boy. And ghosts.

Crónicas exprés de un viernes con sabor a cava... porque siempre baja

Escribo estas cinco líneas después de acabar la parrafada que sigue. Solo quiero disculparme de antemano por la incoherencia, por la falta de espacios. Y tú, tú seguro que te habrás preguntado qué pienso en ese preciso instante, seguro. Here you are.

Menosprecié el efecto que tendría hablarte de esto, tan injustamente secreto. Nunca resté importancia, sin embargo, a todo lo que consigues uniendo seis letras. Me obligas a espiar por entre mis cortinas, a espiar eso que llaman universo, mundo exterior... yo lo llamo sinónimos sin sentido. Y te contaría el sentido que tiene para mí (o el que no tiene) esta gran bola de nieve que hemos creado a partir de la nada; pero además de que no deseo irme por las ramas, me acabo de dar cuenta de que no me he desmaquillado. Y mañana pareceré un jodido panda.

Fuck school, I wanna be a panda

Vale, no ahora. Vale, nada ahora. Ya. Se acabó. Continúo. No, no, no. ¿En qué pensaba cuando puse en modo aleatorio mis dos canciones de Coldplay? Las estrellas ya no brillan y el amor no mueve el mundo. So, Chris, shut the fuck up, will you? Ahora sí. Puedo seguir (desvariando). No, Chris, tú no puedes decirme eso, no. You're not gonna bleed yourself dry, dude. ¿No te das cuenta de lo que representas? Tú puedes hablar de cómo todo es tan amarillo, pero no de eso, tú no. No deberías. Oh, está bien, que continúe cantando. No eres mi única rutina, y no estoy segura de cuál me hace sacar mi parte más patética. Tú sí, pero yo no. Y eso que alguien con cara de neurótica obsesiva/compulsiva/ambas cantando en silencio (y sin desmaquillar) composiciones de una banda decente de post-hardcore (alternativo, no flequillero... ¿Qué coño? Alternativo y flequillero) puede llegar a ser muy desconcertante. Pero tú sabes que nadie me ve. ¿Y sabes qué? Que no hay nadie en el mundo como Emily. Que si me lo dicen así, yo me lo creo. Y sé que en algún momento que se entremezcló inesperadamente con mi rabia, tuve la impresión de estar escuchando a Thursday. Pero no. Sonaba a sótano, de esos que están en Jersey City, de esos que seguro que guardan el secreto de la magia, joder; y aun así recuerdo haber hablado de una banda decente, no de poetas. No de escritores de canciones de amor. De esos que cantan solos, que recuerdan fantasmas del pasado, que ven las rosas caer, rojas, que hacen que otros se enamoren, que entrelazan manos con sus intenciones, en la distancia, desde la distancia. De esos que anhelo. De esos que no existen. Y ahora sí. Ahora estoy segura de haber escuchado "Morrissey". Espera, que quito las comillas. Morrissey. Vuelvo diez segundos atrás en el tiempo, ahora que puedo, ahora que estoy sola. Lo escucho. "Even if I spend 2004 listening to Morrissey in my car, I'm better off alone than I would be in your arms". Es una de las mejores cosas que he oído últimamente, y no preguntes por qué. Es que Morrissey, en lo que a mí respecta, debe de ser dios. No sé cuánto tardó (años con The Smiths, supongo), pero básicamente creó mi mundo... Y a todo esto, tú no conocerás a Morrissey, así que debería retirar lo dicho. Y me olvido un poco de la música, que al fin y al cabo está ahí para protegerme del silencio, el temido silencio, que lo hace todo imposible. Y me sorprendo pensando que siento alivio. Rojo y brillante. Adrena... no, espera, alivio. Alivio, ese al que la esperanza mira desde las alturas de su pedestal. Está claro que estoy aprendiendo a no ser una inconformista. Oye, pero aun así, ahora mismo podría apagar el sol. No, ahora mismo me tragaría el sol; a ver si así aprende y deja de brillar y de ser amarillo justo encima de mi cabeza, recordándome que debería ser feliz, o aparentarlo al menos. Y me levanto, porque, ¿para qué seguir? Ya me he demostrado que soy todo lo patética que pretendía ser, y casi todo lo que tú sabes que podría llegar a ser, así que ya está bien por hoy. Unos minutos después estoy en la cama. Aquí, ahora. Justo en este momento los hechos que relato confluyen con el tiempo en el que lo hago. Y como paso de pensar en qué pasará mañana, ya que el nivel de desesperación podría sobrepasarme, creo que hablaré de ti. Sin desvariar, eso sí te lo prometo. Es la mayor nimiedad que te puedas echar a la cara, lo sé, pero quiero prometerlo y cumplirlo. Y ese será mi primer logro. Triste, realmente triste. Ahora pienso en ti. En cómo no quiero que leas esto nunca y en cómo lo leería todo para ti las veces que quisieras. Si dijeses mi nombre, otra vez más. Porque a veces me dan ganas de pedirte que vuelvas a decirlo, para bajar la guardia un poquito más, para desprotegerme, para dejarte entrar de una vez. Porque hoy no hay mensaje. Creo recordar que te he pedido que no lo hubiera nunca más (o al menos no para esto), creo recordar que has dicho "buenas noches" algún número de veces entre dos y cinco, ambos inclusive, pero no estoy muy segura de esto último. Morrissey otra vez. Dos veces, de hecho. Aun así, echo de menos al sobrecito apareciendo en la pantalla. Esto sonará como otra más de mis estupideces, pero diga lo que diga el mensaje, yo me siento mucho mejor. No debería haberme tragado el sol, ahora me arrepiento. Jesse, dime que no escucharé, dímelo tú y tal vez consigas hacer aflorar mi orgullo dormido; y tal vez consigas que demuestre algo por una vez en mi vida. Olvídalo... Ahora tú, dime una cosa: ¿crees que sigo brillando? ¿Brillando como la luz de esas estrellas que algún día, no recuerdo cuál, miré por última vez? Esta vez no tengo ni siquiera una de mis hipótesis indefinidas. En serio, sé que voy a estar bien. Puesto que acabo de romper otra promesa y he seguido inundando esto con incoherencias, no voy a comprometerme a nada; pero me las arreglaré. Y es muy extraño querer sentirme sola. ¿Y qué hace una cuando está sola porque quiere? ¿Sentirse culpable? No, por todo menos por eso, di que sí. Creo que haré una lista de cosas que me llevaría al fin del mundo. No necesito un coche ni un mapa, iré andando y ya preguntaré por el camino. Y, por favor, dime que te encontraré en el trayecto. O mejor encuéntrame tú. Y cuando lleguemos (porque vendrás conmigo, ¿verdad?)... ¿qué haremos? Mejor no te pregunto, porque nunca llegaremos, nunca iremos, nunca nos encontraremos, nunca nos conoceremos. Mejor no te pido que no te separes de mí, porque no quiero perderme, porque no sabría volver a casa, no sin ti. Mejor no te vuelvo a pedir que me saques de aquí. Mejor empiezo a olvidarme de ti hasta mañana. Parece mentira que todos seamos lo mismo al fin y al cabo. Hoy he visto a tantas personas pasar... y no soy capaz de recordar ni una sola cara. Casi, pero no. ¿Cuánto hace que no te veo?... ¿Cuánto hace desde que no sé qué pensar?... ¿Cuánto hace desde que me dejas no saberlo?... ¿Cuánto hace desde que esto te gustaba?... ¿Cuánto hace desde que confiabas en mí?... ¿Cuánto hace desde que quieres irte pero te miras y estás atado? Y ni siquiera me puedo sentir orgullosa de ordenar los hechos cronológicamente.

jueves, 3 de junio de 2010

Eres rutina, no sé si dulce o amarga, pero nadie me ha ensenado a reír sin ti

Mientras le esperaba... y me sorprendía una vez más hablando sobre él. Leía el blog, me acordaba de él y... te tomo prestada la frase del título, hope you don't mind :)

He estado pensando en ti. Porque no tengo nada que hacer, o más bien porque nada quiere ser hecho por mí. Porque aunque no fuese así, es lo mejor que se me ocurre. Aquí, dentro de mi burbuja, a la que hemos bautizado con mil nombres diferentes, tú y yo, mientras discutíamos, mientras sonreíamos, mientras te preocupabas por mí, mientras me sentía culpable. Tengo la sensación de que hace meses que no te veo, y solo han pasado dos días. Dos días desde que dejé abandonada tu mirada en el umbral de la puerta de esa habitación vacía (tanto como yo) en algún punto de mi existencia. Yo rechacé tu mirada porque tú hiciste lo mismo con mi sonrisa, y con las tuyas. Yo rechacé tu mirada, pero no a ti, y tú te fuiste sin mí. Esa noche, tus primeras palabras se refirieron a lo capullo que habías sido por dejarme ahí, en ese momento, con todo lo que se me venía encima. Pero lo que he escrito hasta ahora me da igual, y por primera vez tengo una buena razón. Te quiero. Te quiero y es la primera vez que lo pienso desde que conté el número de abrazos que me prometiste. Te quiero y quieres que me olvide. Eso es lo que dices, pero yo sé que no. Porque sabes que sin ti, esa puerta entreabierta terminaría por cerrarse; porque sabes que sin ti me ahogo... y no sé de quién son esas manos. Porque no puedo borrarte de mi mente, no puedo esconderte de mis recuerdos... no mientras mi móvil se ilumine, brillante, por sorpresa (y aun así nunca tanto como tú), cada madrugada. No mientras cada noche, a las dos de la mañana, me preguntes si sigo aquí despierta, sin poder dormir (conociendo la respuesta, por supuesto), si sigo encerrada en mí misma, pasando miedo... si lo he vuelto a hacer. Y te imagino en la cama, sintiéndote casi tan solo como yo, con un poco de suerte, escuchando la lluvia casi caer sobre ti. Pero tú... tú eres ese olor antes de la lluvia. Eres tú en el que pienso también en ese momento; eres eso que tantas veces me has llamado a mí, eres una paradoja. Porque no te conformas con nada, nunca, pero sin embargo quieres seguir aquí conmigo. Porque esto lo hago por ti, y por eso duele más; y porque eres tú el que después viene a por mí, el que recoge mis lágrimas, el que impide que me ahogue en ellas, el que me lleva a la cama. Y ayer volví a decirte lo asustada que estaba, aunque eso tú ya lo sabías. Y me prometiste que no te marcharías, no a menos que yo te lo pidiera. Y yo nunca te lo volveré a pedir. Porque ya eres parte de mí, por mucho que yo no sea más que una simple línea dentro de tu libro. Sé que te estás alejando, inconscientemente. Sé lo difícil que es para ti preguntarme si he vuelto a hacerlo y obtener siempre la misma respuesta. Hace tiempo que me dijiste lo maravillosa que era para ti, hace algo menos que pensabas que en mí no había lugares equivocados, pero, por favor, no te sigas alejando. Yo solo quiero que vuelvas aquí, al lado oscuro de la luna, a ese lugar que nadie quiere ver. Yo solo quiero que si la puerta se cierra tú estés dentro, conmigo, abrazándome. Yo solo quiero dejar de tener miedo. Yo solo quiero que me saques de aquí. Daría cualquier cosa por que estuvieras aquí cada noche, me ofrecieras tu mano y me levantases del suelo frío... ese suelo que a pesar de las altas temperaturas siempre parece ser terriblemente gélido. No quiero que cures mis heridas, ninguna de ellas, o no estas al menos; porque a veces, secretamente pienso que me encantaría que recogieses las piezas de mi corazón y las unieses... y te quedases dentro. Y yo sigo pensando que alguno de estos días aparecerás y me dirás que ya está bien por hoy, que ya me he hecho demasiado daño, que ya es suficiente con el dolor que me produce estar tan perdida, y me abrazarás, y yo dejaré de temblar; y me acariciarás el pelo, y yo dejaré de llorar. No solo te quiero, también te necesito, más que a nada. Aunque no me creas (y yo sé que sí lo haces), te necesito más a ti que al vodka, al ron y a la ginebra; que a las hojas afiladas y a la sangre. Porque tú eres la sangre en mis venas. Porque contigo dejaría todo eso. Si te acercas, si me quieres, lo dejo. Y ahora mismo apagaría la luz, pondría mi vinilo de Sigur Rós y me dejaría llevar por tus manos. Y ahora mismo empezaría a esparcir anthrax por ahí, porque quiero que solo tú seas mi mundo. Y ahora mismo me hablas, y yo me rompo en pedazos. He estado pensando en ti, porque tú eres todo.