domingo, 28 de noviembre de 2010

Sinfonía de un soleado día de junio que no pude ver (Canción Desencantada nº 46)

Vuelven los recuerdos de la cama 108 (ni siquiera era una habitación, era una simple cama con sábanas apelmazadas y olor a desinfectante) y los pasillos blancos. Memorias de gritos ahogados en lágrimas y vasos de plástico con muchas pastillas. Al menos el vaso tenía mi nombre... pero nunca supe ni sabré quién había decidido que tenía que tomar esas capsulitas; ni siquiera llegué a establecer contacto visual con esa persona. O tal vez sí... todo estaba demasiado borroso. Recordar nunca es bueno, y es especialmente desagradable ahora. Recuerdos doblados, rotos en mil pedacitos y recompuestos otra vez. Recuerdos con grietas. Recuerdos en forma de aviones de papel que vuelan sobre los recovecos de mi desgastada inspiración para acabar estrellándose en el blanco de mis ojos. Yo siempre preferí los barquitos, eran más inofensivos. Diana. Devolvedme los cordones, por favor, sin ellos se me salen las zapatillas... ¿Hay algo que pueda hacer para convenceos de que no me los ataré alrededor del cuello?

Si hay algo que me han enseñado todos estos años de espionaje de la escena (desde mi rincón, siempre desde mi rincón, con una taza de té templado entre las manos) es que algún día yo estaré en tu lugar. Lo que viene después no está escrito en ningún libro, así que solo puedo imaginarlo. Quizás podremos volar, y amar, y jugar al poker, y sobre todo, no dormir nunca. Ese día. Quizás.

Solo espero que los mejores años de mi vida estén aún por llegar. Aunque creo que seré capaz de vivir con la incertidumbre.

Lo que más me preocupa es no poder convertirme en todas las personas que necesito ser, porque realmente dudo que esta te valga. Yo...

martes, 23 de noviembre de 2010

Regálame una caja llena de objetos afilados y conviértete en una eternidad efímera, o muérete

Déjame verte, solo quiero verte. He de decir que las cortinas son horribles, no quiero saber dónde las compraste. Córrelas, o quítalas, o quémalas. Y quémame a mí con ellas. O a mi recuerdo, porque yo ya no estoy ahí, a tu lado. Pero, por favor, deja de ser una promesa eterna, así podré compartir mis entrañas contigo.

¿Por qué me retienes día tras día? Tú querrías estar haciendo esto. Morirías por ello. Morirías por él, o por alguien como él, porque él es mío. Para mí ya no es un dios, ahora está a mi altura. Ahora podemos reír e ignorarte. Ignoraos a todos. Ahora estamos de vuelta en la Tierra... y nos encanta que nos miréis. Y leer vuestra mente, y saber lo mucho que odiáis cada minuto que pasamos juntos, cada suspiro que mezclamos, cada descarga de complicidad que hay entre nosotros. O al menos esa es la imagen que damos, la que te damos a ti. ¡Hey, mírame, soy una jodida apariencia andante! Justo lo que querías... ser... Lo soy porque el resto me lo guardo para mí. Para mí, y para él.

No me creas si no quieres, pero tuvimos nuestros instantes de perfección. Segundos. Fuiste perfecta, y te admiré. Y recuerdo con una media sonrisa tantas tardes en las que ambas competíamos por unirnos a la página de Facebook con el mejor nombre, aunque ni tú ni yo quisiéramos reconocerlo. Freaks. Y me gustaba tanto... Por supuesto, nos delataban las miradas de soslayo del día siguiente... Quería ser capaz de comportarme como tú. Quería ser tú. Pero tú solo eres un espejo... rayado, borroso, empañado. No te gusta. Cámbialo. No eres lo que quieres ser. Yo lucho cada día por serlo. ¿Quién es la cobarde?

Porque si yo soy una mentirosa y tú eres una ladrona, al menos sabemos dónde duerme la otra, ¿verdad? Sí, claro que sí. Lo sabemos todo... todo. Vuelve a mirarme, clava tus pupilas en las mías y date cuenta de que podría analizar detalladamente cómo te sientes, cada maldita traza de inseguridad, cada pincelada de rabia, cada mar de miedo. Y no soy una experta en estas cosas, solo que yo un día también me sentí así. Y, eh, es una putada.

Creo que han sido demasiadas advertencias, incluso para mí. Y eso que para mí nunca es suficiente, ¿no? Yo soy la obsesiva, la maniática, la paranoica... pero esta loca al menos cree en algo, y no precisamente en un señor con barba que nos adora, nos vigila y está en cada maldito sitio en el que nosotros estamos. Y ya no creo en ti. Ya no puedo olvidar. Ya no puedo seguir esperándote toda la noche. Si hubieses sido esa persona que es capaz de enviarme mensajes hasta el mismo momento en que le vence el sueño, cada día, cada maldito día; esa persona que consigue que me levante todas las mañanas, porque la noche anterior me prometió que todo iría bien, que iba a estar conmigo, que no quiere dejarme; esa persona que me está cambiando... si lo hubieses sido quizás lo intentaría. Pero tú no eres como él. Y nunca lo serás.

...Puedes alegrarte por ello, sería demasiada responsabilidad.

No me des consejos, solucióname la vida.

Reconozco que no puedo compararme con una paradisíaca playa tropical, pero tal vez deberías aceptar que ahora yo ocupo el lugar que antes estaba reservado a la magnífica vista de tu magnífica terraza. Tal vez. Igual que tal vez yo solo intento sobrevivir. A pesar de lo que pienses, quiero sobrevivir. Ya no me importa que puedas ver cicatrices en mi brazo ni que me intentes convencer de que me crees... tú y yo sabemos que son más recientes de lo que yo te digo. ¿Y qué? Rojo. Rojo. Rojo. Sangre. Rojo. Más. Quiero más. Joder. Más. Y él. Siempre. Él. Sangre. Él ...Pero nunca, nunca pienso en ti en ese momento, no puedo sentirme culpable por nada de lo que ha pasado entre nosotras. Y por una vez en tu maldita vida podrías molestarte en mirarte a ti misma, y podrías aceptar que tu vida ya no sea tan maravillosa like it used to be, y oh, esto no, perdona... al menos ya no soy yo la víctima de tu inseguridad. Y me encanta.

Corre. Escóndete. They're coming for you.

Huye.

(Grita, joder. Grita.)

Edit: Ya no quiero rechazar mis deseos. Sois bienvenidos. Perdona que te moleste, perdona que haya interrumpido tu atormentada rutina, solo quería decirte que me voy y que no volveré, y que no quiero que me eches de menos, aunque sé que lo harás... igual que yo a ti. Pero vamos a aparentar, una vez más, que no sentimos nada, que somos rocas, que no hay nada ahí dentro gritando que quiere salir, ¿vale? Sí, sé que en esto estarás de acuerdo conmigo. Porque aquí ya no hay nada. Perdona que haya desperdiciado tantas horas de tu vida, aunque al fin y al cabo nunca las has considerado demasiado valiosas. Me alegro de haberte conocido, and I mean it. Solo que ahora estoy algo ocupada, tengo que volver a coger algo de ritmo con esto de mi vida, la tenía abandonada... demasiado tiempo tratando de imaginar la tuya. Sí, estoy ocupada... ya sabes: filosofía, economía, aprender a ser feliz, mates, más todas esas asignaturas estúpidas que algún genio ha plantado ahí, en medio de mi horario, porque ya no sabía qué más letras añadir o quitar a la jodida ley de educación. ¿Sabes? Yo lo llamaría una nueva era... and I want it to be like legendary. 

When we were young we used to say that you only hear the music when your heart begins to break. Well, tell me something, does it hurt? Does it really hurt? 'Cause I bet it fucking does.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Conquistemos el planeta rojo, tú y yo, así para empezar

¿Cómo empiezo? (Aparte de con un: "Sííí, gracias Blogger in Draft, por ser tan majo y dejarme poner la basura que escribo junto a mi Oli.") Sí, vale, es otra entrada más, ¿no? Pues no. No lo es. Es casi como mi primera entrada... supongo que he decidido empezar de nuevo, y este blog forma parte de ese nuevo comienzo. Claro que, se me presenta un (gran) problema. Siempre he pensado que para poder aspirar a escribir algo mínimamente interesante, tu vida tiene que estar llena de mierda. Mierda temporal, quizás, pero mierda al fin y al cabo. Tal vez es simplemente porque admiro a un puñado de magníficos letristas, todos drogadictos y/o alcohólicos... a veces incluso con tendencias suicidas. Admiro que sean capaces de hablar de ello, de canalizarlo en forma de palabras. Porque... cuando te viene encima un puto torrente de sentimientos, cuando intentas agarrarlos y sientes que es como atrapar humo... ¿de verdad que puedes hacer algo más que darte cabezazos continuamente contra la pared?

¿Y qué haces cuando todos los fantasmas se han largado? ¿Les persigues? Imposible, ellos corren más. Bueno, de hecho no corren, pero creo que se me entiende. Dios, ¿por qué hablo de fantasmas? ¿Y cómo se supone que son? Ojalá fuera uno (¿uno? ¿una? ¿los fantasmas tienen sexo?)... así podría escapar. O, bueno, quizás ya no quiero escapar, o al menos no muy lejos. Porque de eso hablaba, de empezar desde cero (por quinta vez, vale, pero siempre es como la primera), y de quedarme aquí, desde luego.


¿Qué haces? Sigues escribiendo. Así que...

...Vale, si lees esto, olvida todo lo que he dicho... las introducciones nunca han sido mi fuerte. I'll keep it short... or at least I'll try to. Te presento a Daisy, es una niña dulce que solo busca un poquito de cariño y un montón de pseudónimos. En el fondo, claro, porque si la conoces seguro que te asustarán su sensibilidad, su humor y posiblemente su dependencia; y querrás salir corriendo... y te darás cuenta de que estás atrapado... y serás feliz, por primera vez en tu vida, serás feliz de verdad, porque ella lo será, y sabes lo mucho que os necesitáis mutuamente. Ya sabe cuál es su estilo, sabe que ese estilo ni siquiera tiene un nombre... y eso es suficiente. Ya no quiere más alteregos (de momento), lo que la ha llevado a bautizar a su gatita con el mismo nombre que la maravillosa reina del baile. Quiere ser una experta bailando electropunk. Quiere saber por qué todos los indierockers son iguales. Quiere volver a ver a Leto en directo. Quiere tener una camiseta que diga Be excellent to each other. Quiere sonreír por lo bien que le queda el eyeliner azul e ir un poquito despeinada. Quiere ahogarse en un abrazo (el tuyo a ser posible). Quiere destruir su castillo de naipes para volver a construirlo desde los cimientos; porque era perfecto, sí, pero no era bonito, no lo suficiente... y tiene que ser bonito, requisito indispensable. Sí, tiene todos los ingredientes de un oscuro cóctel emo, y no le termina de gustar, pero mírala, es adorable. Es adorable y te encanta sentirla a tu lado. Y podría recitarte de memoria todo el guión de Fight Club mientras sueña con ser Marla Singer; porque no quiere más nostalgia, solo a su Edward Norton, y las palabras salen solas. ¡Ah, sí! También le gusta el material escolar. Sí, le gusta mucho, y no solo el eternamente mágico momento de estrenarlo. Los bolis son una alternativa a su adicción, y el olor de los rotuladores la relaja... demasiado. Ha vuelto a caer, pero se siente genial. Es nueva, y es toda tuya... una canción más y es toda tuya. Ábrela y disfrútala, saboréala, tócala... deléitate, porque tal vez este momento no se vuelva a repetir nunca jamás. ¿Has dicho que puedes salvarla? ¿He oído bien? Sí, claro que puedes salvarla, ahora sí. Y creo que eso es todo lo que tiene que decir. Sospecho que esto es todo lo que quiere ser.