martes, 26 de abril de 2011

So deep that it didn't even bleed

Me levanto de la cama (no sin tambalearme al hacerlo) tras 18 horas. ¿Para qué? Para desahogarme. La luz ha ido desapareciendo poco a poco, y me doy cuenta de que mi habitación está totalmente a oscuras. Y no me importa; no necesito ver nada, y menos a mí misma. Allá vamos.

Este es uno de esos momentos en los que preferiría no existir. No confundir con morir, por favor, puesto que: a) aún me queda mucha guerra que dar; b) todavía no he alcanzado ese incondicional deseo de atención; y c) cómo decirlo... tú. Me refería a aislarme, a parar el tiempo, parar el mundo... da igual.

Odio a la gente. ¿Por qué nadie es capaz de subir las malditas escaleras, abrir la puerta y preguntarme qué tal estoy? ¿Por qué tiene que pasarme esto tras cada una de mis recaídas? De hecho, ¿por qué días después? Todo bajo control, y de repente... Joder, llevo como dos días limpia. Sí, es un puto logro. Lo es. ¿Y ahora qué? ¿Significa esto que me hundiré en los momentos clave? No, más bien significa que me vas a decepcionar.


Ahora sí: allá vamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario