lunes, 7 de junio de 2010

The prom queen

6 de junio de 2010

"No creo en las casualidades". O al menos eso es lo que dicen en las pelis americanas, o tal vez solo en las que veo yo. ¿Entonces nadie cree en ellas? Ya nadie cree en el último baile. Quizás ni siquiera en el primero. No sabría decir cuál de los dos es más especial. Y mientras lo estoy decidiendo, alguien dispara a la reina del baile. Y en vuestras caras se aprecia claramente que pensáis que se lo tenía merecido, por llamar la atención. No penséis eso; todos la mirabais. Dejad de buscar al culpable; cualquiera de vosotros lo habría hecho. Hipó... ¿Y qué importa que sea el primero o el último? Podríamos volver a encontrarnos otra vez, por casualidad. Así que mírame a mí. Yo nunca quise ser como ella, yo solo siento indiferencia. Aunque su vestido era bonito... una pena que ahora esté salpicado por cientos de gotitas color rubí. Pero mírame a mí. Ya estabas haciéndolo antes, cuando nadie nos miraba a nosotros. ¿Ahora te importa lo que piensen? ¿Ahora ya no te importo yo? Eso no es justo, porque a mí solo me importas tú. Así que no me digas que me llevas a casa, ahora no. Quédate, solo un ratito más, quédate. Yo quiero seguir bailando. Yo quiero tener alas. Yo quiero creer en las casualidades.

Porque casualmente ayer tuve un sueño maravilloso.

Porque no tiene nada que ver con que ayer fuese una niña buena.

Porque fue una casualidad, y me estaba esperando. Fue una casualidad y no quiero decirle adiós. No quiero que se vaya a dormir.

Discúlpame un momento, tengo que ir a retocarme. Intenta no echarme mucho de menos, ¿vale?

Ya estoy en el baño, y casi sin darme cuenta vuelvo a estar otra vez sentada en el suelo. ¿Por qué siempre está tan frío? No lo sabes, pero ya me lo explicarás algún otro día, cuando vea en tus ojos que quieres resolver todas mis incógnitas. Y no debería haberme quedado en casa ayer, porque ahora tengo más ganas que nunca de estar aquí. Salid todas, quiero estar sola, ahora sí. Pintalabios rojo. Alivio. Deja de susurrar. Ya lo dijo dios, digo, Morrissey: "Es tan fácil reír, es tan fácil odiar"... y mejor me olvido del resto, porque volvería a perder yo. Es fácil, así que tiene que ser odio. Odio disfrazado de adrenalina. Roja y brillante. Adrenalina, y me quedo sin aire. La rabia me impide respirar pausadamente. Me quedo un rato mirando fijamente a mis piernas, recuperándome, demasiado fuera de aquí como para poder pensar. Y ahora sí, un poco más, solo un poco más. Ya. Voy a parar. Duele, y no solo físicamente, aunque eso también lo noto; duele, y quiero vomitar, y me mareo, y... espera, vuelve atrás: "lo noto". Llevaba días sin sentir nada, actuando como una máquina, y ahora... ahora estoy temblando, y noto el cosquilleo de las lágrimas resbalando por mi cara, y las veo caer directamente a mis piernas. Déjame saborear este momento, por favor, deja que me sumerja en la cadencia de la música, deja que me olvide del mundo. Pero de repende la canción se queda en silencio, esperándome, y llega otra, pero todo está demasiado nublado para poder distinguirla. Solo sé que me está reprochando algo, y que me vuelvo a quedar sin aire. Y quiero seguir. Y sigo. Y ver el camino que dibuja esa gota oscura, bajando lentamente a ningún sitio en particular, es lo único que consigue que me tranquilice. Así que ya me voy, porque seguro que me estás esperando.

Salgo. El mundo sigue siendo borroso, y confuso. Como yo. Todo da vueltas, pero tú estás ahí, de pie, parado, esperando. Sonriendo. Y aparece esa melodía que has escuchado millones de veces, que es inconfundible, y que ahora te parece aun más bonita que la primera vez. Porque a falta de estrellas tenemos canciones de cuna. Pero esta no está desencantada, esta debe de ser la canción más bonita del mundo; porque no sé lo que dice, no, nunca aprendí islandés, pero imagino que me pide que me deje llevar. Y yo lo hago, porque ¿quién le negaría algo a la rosa de la victoria?

Ponla otra vez, por favor. Deja que me guíe. Solo quiero escucharla. Una vez más.

Ahora para el tiempo y déjame vivir dentro de ella. Solo una vez más.

Y yo tampoco quiero ir a dormir, así que deja de recordarme la hora que es. Ya tengo un maldito reloj que se encarga de (recordarme lo que estoy haciendo) decirme la hora. Sí, son las 3:02, lo sé. Pero no quiero dormir, porque hoy no habrá ningún sueño efímero cuyo dulce sabor dure toda la noche. Porque mañana las sábanas volverán a estar manchadas. Casualidades. Porque no quiero seguir llorando. Y no me preguntes por qué lloro, lo sabes de sobra: ha vuelto ella, la reina del baile, y está más deslumbrante que nunca. Y tú no me lo quieres decir, pero yo ya no brillo. Tú no me quieres decir nada. No, no, deja de mirarla. Mírame a mí, estoy aquí, a tu lado. Ella no es lo que quieres... Y esta vez le he disparado yo. Pero ¿por qué no me miras ahora? Ahora ella ya no está. Mira, ya he dejado de llorar, ya casi no se nota. No, no te vayas, por favor, no te vayas porque... este es el último baile.

Ya no queda nada, se han ido todos. Y la fiesta se ha acabado. No me has llevado a casa, pero no importa, ya solo tengo que dormir. Pero no puedo, y sigo aquí, aunque todo esté dicho y hecho. No puedo dormir, estoy sola, estoy perdida. Intento acurrucarme, hacerme compañía. No funciona, quiero olvidarme de mí, quiero dejar de verme. Vete, joder, vete. Estás consiguiendo que todos me dejen aquí, que se olviden de mí. Vete, porque yo solo quiero un abrazo, porque nunca me han dado uno de verdad. Vete, porque yo ya tendría que haber dejado de llorar. Vete, porque si tú estás aquí no vendrá nadie. Vete, porque yo no necesito un final feliz... solo un abrazo.

Vindurinn
Og útilykkt af hárinu þínu
Ég anda eins fast og ég get
Með nefinu mínu


Hoppípolla
Í engum stígvélum
Allur rennvotur. Rennblautur
Í engum stígvélum


Og ég fæ blóðnasir
En ég stend alltaf upp

No hay comentarios:

Publicar un comentario