Sí, la verdad es que quiero mis historias de vuelta. Esta no era yo, por supuesto que no. Y cómo echo de menos la tragedia...
Se apagan las luces y aparecemos él y yo, tumbados, uno al lado del otro, nuestras cabezas rozándose. ¿Qué se supone que tengo que pensar? Creo que debería empezar a plantearme el hacerme esa pregunta de otra forma: ¿qué haría Holden Caulfield en esta situación? Aun así, tenemos un problema, my dear, porque sigue sin apetecerme demasiado huir. Pero por otro lado, ¿qué vamos a hacer aquí? Muy probablemente pasar la noche en esta misma posición, mirando fijamente a un impoluto techo blanco, a falta de estrellas. Aunque la verdad es que tampoco querría estrellas, igual que no me gustaría ser excesivamente pegajosa. Adictiva, eso sí. Eso me encanta, y lo sabes muy bien... tan bien que me dejarías comenzar mi retahíla de porqués que nunca, nunca se acaban. Solo te pido una cosa: que me dejes construir tu vida a base de porqués. Y destruirla, claro.
Así que, ¿qué hago? Tengo que quedarme aquí y al mismo tiempo evitar tu mirada a toda costa, tengo que huir del encantamiento. No es justo, lo sé, lo sé perfectamente. No debería adjudicarte a ti esa capacidad de hervirme la sangre. Soy yo misma la que se tira de cabeza sin pensar en la gran hostia que se dará antes o después, y la que por tanto ha de soportar el dolor, no solo de la nostalgia, sino también de la indiferencia, y después, del olvido. Pero, verás, al final todo se reduce a que eres tú, tú y solo tú la fuente de mis pasiones. Oh, ¿y qué cojones hago yo hablándote en segunda persona ahora? Se suponía que volvía a los viejos tiempos, a describir, a contar; no a pedir. Pero mírame, no tengo remedio y nunca lo tendré. Aprendamos a vivir con ello. Disculpa, creo que me estoy alterando demasiado, en todos los sentidos... Como decía, no seré capaz de ver el papel que juego yo en esta historia, no, y como hacían los poetas, elevaré este amor a la categoría de mito... y todo lo que hay dentro de mí se esforzará por que la historia tenga un final trágico.
Oh, vale, ya, ya me he decidido. Entusiasmo. Una extraña ola de entusiasmo me recorre en estos momentos. Salgamos a navegar. Quiero perderme. Perderme en el mar, en mis miedos. Llévame en tu barco, así no me podrán tocar. ¿Sería demasiada responsabilidad que te pidiera que me salves? Sí, obviamente lo sería, así que no me salves, solo aléjame de todos. Confidencia, secreto, you name it: quiero ser única. No la única, sino única. Y no voy a ser exigente, no esta vez, porque he aprendido... fue duro, pero aprendí. Solo quiero explorar, descender por los canales de tu imginación, tener la certeza de que todo lo que tú piensas y todo lo que sientes y todo lo que deseas, existe de verdad, al otro lado de este negro océano. Y créeme, me encantaría colonizar ese territorio.
No quiero que pienses que solo me apetece pasarlo bien, porque yo quiero algo más grande: quiero descubrir. Descubrirte a ti, cada maldito detalle. Y quizás algún día podamos incluso bajarnos del barco, y entonces comprobaremos si, a pesar de todas estas piedras que llevamos atadas al cuello, somos capaces de flotar.
Pero todo a su tiempo, porque tú, yo y los personajes de Palahniuk sabemos que lo más placentero, lo más excitante, lo que más nos gusta, es el camino. El proceso. La finalidad terminará, irónicamente, por no servirnos de nada. No vamos a pensar en cómo será el final del arcoiris, vamos a ilusionarnos con el principio. Porque no queremos acabar, no queremos morir... al fin y al cabo, seguir aquí, sufriendo a veces y sumergidos en un estado de total insensibilidad otras tantas, tiene su encanto. O no. Pero lo hacemos y lo seguiremos haciendo, por muy estúpido que sea. Y ahora, te voy a demostrar de nuevo lo irónico que es este viaje poniéndole un final a la historia.
...Entonces le miro, sin darme cuenta de cómo ni por qué lo he hecho, como pasan las cosas importantes, las mejores, las que nos esforzaremos por recordar durante el resto de nuestras vidas. Y una vez que el escalofrío deja de recorrer mis terminaciones nerviosas, siempre desde arriba, bajando, y después volviendo a su lugar de origen; entonces es cuando me decido a actuar inconscientemente tras mucho pensar, demasiado para mi gusto. Que le den a la razón, yo quiero sentir. Y mis dedos, con sus uñas que siempre han sido bonitas y siempre han estado mal pintadas después del segundo día (y seguirá siendo así), luchan silenciosa pero concienzudamente por introducirse entre los suyos, por alcanzar un contacto perfecto... y es justo ahora cuando tanto ellos como yo nos empezamos a preocupar porque quizás no seamos correspondidos, pero entonces, de repente, el momento que se quedará grabado solo parcialmente, el que la emoción se encargará de borrar a medias, el que la fantasía recreará de forma imberbe, como siempre hace: las manos se entrelazan, se pierden... y no quieren que las encuentren, no; quieren quedarse con él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario