Recuerde Liverpool. Y querer saltar por la ventana del hotel. Y pensar en cómo de desfigurada quedaría tras la caída. Y pensar en qué pensarían.
Ahora mire por la ventana. Pero no salte, ¿eh? Que nos conocemos... Dígame, ¿dónde está? Exacto, en casa, en una casa de una urbanización monótona y aburrida. Pero... sí, está tan feliz que podría llorar.
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